[ urban studies]

un jardín de barro en graça
38º42'52"N · 9º07'51"W

Cartografiar los recuerdos para poder ordenar la experiencia de la ciudad. La forma de vivirla y de contarla, manifestando los espacios más importantes con una carga subjetiva y social no plasmada en los mapas.

Lugares que han creado posos en la conciencia colectiva por su condición icónica de espacios gregarios o lugares que aunque desconocidos se convierten fugazmente en sublimes cuando son encontrados en paseos sin rumbo por la ciudad en el momento preciso. Espacios que se hacen importantes por su posición estratégica según su cota o por su uso.

Huyendo de los convencionalismos turísticos en Lisboa la propia ciudad y su geografía condicionan la experiencia y los trayectos de quien la recorre: el trazado urbano se adapta a la condición física del terreno buscando la mayor accesibilidad, los rincones panorámicos se ceden al propio disfrute de sus habitantes con los miradouros y se incorporan elevadores y tranvías para acercar al paseante a los puntos aparentemente más lejanos, integrándolos en la cotidianeidad de los barrios.

Lisboa crece a lo largo de la orilla del río, por su ribera, sin pretender originalmente desarrollarse hacia el interior sino comunicar las dos orillas del Tajo. La condensada muralla moura, de abarcaba lo que ahora se corresponde con la ladera desde el Castelo de São Jorge hasta la Sé de Lisboa crece por sus lados con la cerca fernandina del siglo XIV hasta incorporar la zona de Carmo, Chiado, Cais do Sodré por el oeste y la zona de Alfama, Santa Apolonia y Graça por el este.

Cuando al inicio se construía aguas adentro el centro de gravedad de todas las dinámicas urbanas eran los puertos, como organismo vivo que permitía respirar y abastecía la ciudad; tras el maremoto y con la retirada de la orilla como reacción a la desaparición del asentamiento espontáneo urbano, la ciudad poco a poco vuelve a identificarse con el río abriéndose a la ribeira, bajando la escala del tejido urbano y permitiendo espacios públicos abiertos de transición a la densa matriz urbana, con operaciones que -con el tiempo-recuperan en el sentimiento de quien pasa por Lisboa el ensalzamiento del río.


La orografía de sus siete colinas y su discurso compartido con el estuario del Tajo y el Mar de la Paja hacen que en Lisboa linden trazados urbanos opuestos en completa sintonía con los ritmos de la ciudad.

La grelha de la Baixa Pombalina, reconstruida tras el incendio de 1755 siguiendo los principios de la Ilustración contrasta con el trazado original de todo el casco antiguo de la mouraría y judería de Graça y Alfama. Las calles se orientan por el sol y las pendientes, para que las ventilaciones urbanas recuperen la brisa marina y para evacuar las fuertes lluvias al río.

Sin expectativas de convertirse en la imagen de Lisboa,
estos barrios conservan una conciencia histórica heredada de siglos, la más antigua en su trazado y la más reciente en la artesanía de su cultura material.

Lisboa celebra la calle, y siendo consciente de que en los trayectos que la tejen es tan importante el camino como el destino, regala a quien la recorre imágenes contrapuestas de la materialidad de las condiciones territoriales y de las infraestructuras con espontáneos rincones de naturaleza que se escalonan entre los edificios y los cruces de calles.

Porque hasta el rellano, cuando la calle es una escalera, puede convertirse en un patio de vecinos.

··Except when referenced ·· All images Mónica Palfy. All rights reserved 2019 ··